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La banca continúa enriqueciéndose con nuestra pobreza

Por Lara Soutuyo, 27 agosto 2020

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros
más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo».
"Patas arriba: La escuela del mundo al revés"
Eduardo Galeano

Hemos comenzado este 2020 una década que quizás sea el período más turbulento de la historia de la humanidad, incluso más peligroso que el panorama que existía en el mundo cuando comenzó la segunda guerra mundial.

Está a la vista de todos que estamos frente a graves crisis en diferentes frentes vitales para esta “civilización”. El génesis de toda la debacle está centrado en los bancos y en las inmensas fortunas que han comprado el poder (a los políticos) haciendo de este mundo un espacio insostenible.

Desde la quiebra de la compañía global de servicios financieros Lehman Brothers, en septiembre de 2008, que provocó el estallido de la gran crisis financiera de la que no hemos salido y tampoco sabemos cómo quedará el mundo, sólo en Europa se ha rescatado ya más de 60 bancos siendo España el país que más bancos ha apuntalado, intervenido o resuelto, (11) casi una quinta parte del total.

Ante la crisis económica los estados no dudan en rescatar a la banca inyectando millones a costa del bolsillo del contribuyente.

Para nadie es ajeno que estamos viviendo tiempos de bancocracia. El clientelismo político le da a los bancos privados el poder de hacer dinero de la nada a cambio de apoyo electoral y otros favores, siempre enfocados a abultar sus bolsillos y desangrar al que trabaja.

Esa abusiva influencia de la banca privada y de los sectores financieros sobre el manejo de la economía de un país ha dejado a millones de personas en el mundo sin sus ahorros, sin casa, dicho más claro y directo: en la absoluta miseria.

Cuando una persona se enfrenta a una urgencia económica muchas veces no le queda otra opción que recurrir al banco que le negará un préstamo que no tenga intereses por ser pobre, lo que para ellos es sinónimo de deshonesto infiriendo que no pagarás la deuda, y qué hacen, pues te ofrecen la “ventajosa” opción de un crédito con intereses, los más bajos de un 10 % llegando hasta un 30%. Entrará así en una tela de araña (viuda negra) que lo hará cada vez más pobre y dependiente del poderoso “don dinero”, convirtiendo su vida en un verdadero suplicio.

Vamos que te pasarás una buena parte de tu vida pagando el doble de lo que te viste obligado a pedir para salvar una situación económica vital que, por las mismas razones del capitalismo salvaje, con el fruto de tu trabajo no pudiste resolver.

Es así que desde los albores de la humanidad unos cuantos han ido acumulando un considerable capital: mediante la usura. Pero esos grandes capitales ya vienen desde hace mucho en picada y están defendiendo de manera descarnada sus arcas. ¿Defendiéndolas de, y contra quién?  De y contra el pobre que lo ha hecho más rico, y para mantenerse necesita seguir empobreciéndonos más. Ese es el punto en el que se encuentra hoy la humanidad; colapso económico sistémico.

La gran mayoría de las personas en cualquiera de los países donde se encuentren, van a perder dinero en este colapso económico sistémico. Es por eso que los grandes poderes (oligarcas, partidos de derecha y ultraderecha, instituciones no gubernamentales) apoyados por los medios de comunicación están usando una estrategia que el economista Milton Friedman acuñó como la “doctrina del shock”.

Esta llamada “doctrina de shock” consiste en esperar a que se produzca una crisis de primer orden, real o percibida, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las nuevas reformas se conviertan en medidas inevitables y permanentes.

El coronavirus ha sido la crisis aprovechable para aplicar la doctrina de Friedman. Esta triste epidemia representa una ocasión ideal para justificar la recesión económica capitalista que se acerca.

La COVID-19 no es sólo un problema de salud global, sino también un problema con otras caras interconectadas de tipo económico, ecológico y social. Estas lo convierten, de hecho, en un problema sistémico y político sobre el que conviene reflexionar. En una economía tan interdependiente, caótica y frágil como el capitalismo, donde la incertidumbre, la especulación y la constante búsqueda del beneficio son esenciales, las complejas consecuencias sistémicas futuras son una incógnita, pero todo apunta a la posibilidad de una cercana y grave recesión económica.

 

Como ha señalado el economista y crítico Eric Toussaint [...] el coronavirus no es responsable de las caídas en las bolsas.  Aunque los mercados bursátiles son imprevisibles, todos los factores de una nueva crisis financiera están presentes desde al menos 2017. El coronavirus sería tan solo la chispa de una explosión financiera pero no su principal causa [….] además, no debe menospreciarse el papel de los gigantes accionistas (fondos de inversión como BlackRock y Vanguard, grandes bancos, empresas industriales, y megamillonarios) en la desestabilización bursátil. Estos agentes recogerían así los beneficios de los últimos años y evitarían pérdidas, invirtiendo en los más seguros, aunque menos rentables títulos de deuda pública, y exigiendo a los gobiernos que una vez más echen mano de los recursos públicos para paliar pérdidas económicas.

¿Cambiará este sistema? ¿Qué podemos hacer nosotros "los de a pie" para acabar con esta bancocracia mundial?