La desigualdad, el veneno de la sociedad  

Lara Soutuyo 05/11/2019

Ricos y pobres


“Los muy ricos son diferentes de ti y de mí. Su riqueza les hace cínicos y pensar que son mejores que nosotros”.
Scott Fitzgerald


En el periodo de entreguerras en Europa, debido al mal funcionamiento de la economía, entre otras cosas, surgieron experimentos políticos como el fascismo, el nazismo o las dictaduras. La historia es cíclica. Estamos asistiendo en Europa a un descarrilamiento de la democracia. Nos sobran las señales: bajo crecimiento, tendencias deflacionistas; lo cual perjudica a las economías pudiendo crear o agudizar recesiones, todo esto unido al desempleo, bajos salarios y pobreza, lo fundamental y más lamentable: desigualdad social.


Muchas veces oímos decir, incluso por los propios especialistas del tema, que el capitalismo se distingue por crear la economía de mercado, pero el hecho de que se haya mercantilizado incluso hasta las expresiones más íntimas de la vida humana y social, hacen que el capitalismo se distinga, no por haber creado la economía de mercado, sino la sociedad de mercado, y, por tanto, someter la vida social en su conjunto al afán de lucro.
La utilización del trabajo asalariado y de grandes volúmenes de capital (físico y dinerario) en el seno de las empresas permite multiplicar la capacidad de producción y generar una gran acumulación que ha derivado, justo es decirlo, en un progreso innegable. Pero, al mismo tiempo, crea fuertes contradicciones y problemas sociales muy graves.


Las tres etapas de la desigualdad social en un siglo

 

 

 


 



 

Después vino una segunda etapa al finalizar la II Guerra Mundial y mediados de los años 70 del siglo pasado. Estos 30 años aproximadamente fue un periodo donde la democracia se reconcilió con el capitalismo inclusivo. En esta etapa las economías de mercado vivieron un valle de relativa igualdad.
Desde los años ochenta del pasado siglo y el inicio de este siglo la desigualdad social ha vuelto con todas sus fuerzas. El capitalismo ha dejado de ser inclusivo y ha entrado en una nueva línea de coalición con la democracia.
Por lo tanto, analizando estas etapas a lo largo de un siglo nos daremos cuenta de que capitalismo y democracia son totalmente opuestos.


Por qué el capitalismo contraproducente a la democracia
El motivo es que la democracia tiene una lógica política profundamente igualitaria: una persona, un voto. La desigualdad económica quiebra esa lógica. Hace que en la vida política el voto de los muy ricos sea más influyente que el de los demás, es decir, de los que menos tienen.
La desigualdad es determinante para alcanzar una sociedad democrática.  Pero… ¿Cuáles son las causas de la desigualdad? ¿Las origina el capitalismo o las propias instituciones y políticas públicas?

El economista francés Thomas Piketty ha dado una respuesta a estas preguntas en su libro “El capital del siglo XXI” donde dice que la causa de la desigualdad es el capitalismo, por una razón obvia: mientras el capital se beneficia sistemáticamente, la tasa de crecimiento de la economía baja y esto crea una disminución de los ingresos de la mayoría de la gente.


Aunque se reconoce a Piketty poner en claro las causas de la desigualdad no todos los economistas y políticos coinciden con este diagnóstico.  Algunos argumentan que, por un lado, el aumento desproporcionado de las retribuciones de los financieros y altos directivos; por otro, el mal funcionamiento de las instituciones y de las políticas públicas, especialmente los impuestos. Por lo tanto, atendiendo a estas discrepancias sobre las causas de la desigualdad social la polémica durará y mientras tanto habrá que buscar un modelo para reducir y también por qué no, eliminar la desigualdad social.


Para ello se necesitan gobiernos que pongan en marcha medidas que beneficien a los que menos tienen, que son la mayoría, y aumenten los impuestos a las grandes fortunas. Gobiernos con políticas que beneficie a la gente y establezca un impuesto a la banca para que las entidades rescatadas retornen a los contribuyentes el dinero del que se beneficiaron.
También tiene que ver con la cobertura de necesidades básicas o derechos que, en un buen número de casos no pueden hacerse efectivos.


Existen tres pilares básicos para compensar las brechas sociales y garantizar la igualdad de oportunidades: la educación, la sanidad y las pensiones. Precisamente, los tres soportan desde 2010 el peso de los recortes. Sólo existe un Gobierno que le garantice a la sociedad estas y otras bondades, y está demostrado quede la derecha no vendrán.
¡Pero no todo está perdido! Está en nuestras manos cambiarlo el 10N en las urnas.

 

 

 

 

 

 

Desigualdad
La primera etapa de desigualdad social se conoció como la edad dorada, desde 1914 hasta 1944, donde hubo una fuerte acumulación de riqueza en algunos sectores de la sociedad y donde el capitalismo entró en coalición con la democracia.