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El Matrimonio Arnolfini y los secretos que hay tras el reflejo del espejo

El cuadro es un retrato de cuerpo entero que corresponde a Giovanni Arnolfini, un comerciante italiano que residía en Brujas, y su esposa Giovanna Cenami, hija de otro mercader del mismo origen, en el momento de contraer matrimonio.

El historiador de arte Erwin Panofsky ha formulado numerosas teorías acerca de los significados ocultos de esta obra, entendiéndola como un certificado matrimonial. El caballero, en actitud seria y ricamente ataviado coge la mano de la dama y, solemnemente hace el voto nupcial levantando el antebrazo. La vela encendida en pleno día y el hecho de que ambos estén descalzos, reafirma el caracter sagrado de la ceremonia. Otros símbolos vinculados al matrimonio son el perro (fidelidad), la borla, la talla de Santa Margarita y el dragón como protectora de los partos en la cabecera de la cama, el espejo sine macula (sin mancha) y el rosario que cuelga a su lado (pureza de la Virgen). Las frutas sobre la mesa que hay debajo de la ventana representan la fruta del "árbol del Bien y del Mal", la fruta del pecado original, que será redimido con el matrimonio.

Su firma "Johannes van Eyck fuit hic" (Jan Van Eyck estuvo allí), situada encima del espejo, hace pensar que el propio artista participó en el enlace en calidad de testigo.

 

Todo un mundo en 5 cm de diámetro.
Comencemos por decir que el espejo que van Eyck pintó difiere un tanto de la idea originaria que tenía. La reflectografía infrarroja nos permite saber que en una primera instancia el artista dibujó un espejo ligeramente más grande, por lo menos en cuanto al marco se refiere. Gracias a esta técnica analítica podemos contemplar la silueta del aspecto que pudo haber tenido. Cabe destacar que, además de un tamaño mayor, el marco iba a tener tan solo ocho segmentos en lugar de los diez que ahora tiene y que sirvieron al pintor para dibujar escenas del Vía Crucis.

Pero la parte más fascinante del espejo no es su marco, sino su reflejo. Gracias a ese recurso van Eyck introdujo en la pintura a otros dos personajes que se encuentran fuera de la escena principal. Quizás esto os recuerde a algo que hizo un tal Velázquez 222 años después.

¿De dónde tomaría la inspiración?. Solo decimos que El Matrimonio Arnolfini estaba en poder de la Corte española cuando don Diego era pintor de cámara. Aunque tampoco tenemos que realizar viajes tan largos en el tiempo: otros pintores flamencos explotaron el recurso del espejo pocos años después de que van Eyck lo hiciese.

Como podéis ver, los espejos sirven para completar la composición, bien sea mostrando elementos nuevos, bien sea mostrando una perspectiva diferente. Y ahí es donde sobresale la creación de van Eyck. Dentro de esa circunferencia de apenas cinco centímetros de diámetro el pintor recrea la lujosa habitación en la que se hallan los protagonistas. ¡Aparecen hasta las naranjas!

Fuente: Oskar González, The Conversation