No se trata de etiquetas, está en juego la calidad de la vida de la gente

Lara Soutuyo


Matices e intereses600

De cara a unas elecciones, las cuartas generales en cuatro años, no existe un problema político más importante en este país que la necesidad de formar un frente común que responda al modelo social por el que los ciudadanos votaron el pasado 28 de abril y frenar el modelo neoliberal estrangulador que intentan imponer los grandes poderes económicos que no representan a nadie más que a sus gestores.

Cuando pensábamos que por fin habría un gobierno de izquierdas, el narcicismo patológico de algunos de sus líderes hace abortar el proceso creando una sensación de frustración en las personas lo que es un riesgo para la izquierda necesaria.

Cada vez que la izquierda “fracasa” surgen legiones de carroñeros que interpretan estos debates como un signo de “debilidad por su constante fragmentación e incapacidad para ponerse de acuerdo”.
También es verdad que la división de la izquierda es histórica, desde la guerra civil. Mientras las derechas formaron un frente común,  la izquierda se fragmentaba entre comunistas, socialistas y anarquistas. Y así, con tantas divergencias ideológicas se hace muy difícil ofrecer una alternativa seria a este atentado a la democracia al que estamos asistiendo en España.

Y hoy, mientras el Partido Popular es capaz de aglutinar a liberales y conservadores, franquistas y democristianos, ateos y católicos, honestos y corruptos, la izquierda se divide en dos partidos nacionales, varios regionales y otro que hace entrada al escenario político.

No se trata de partidos ni hedonismos de poder. El momento exige que  las izquierdas se pongan de acuerdo y se pongan a trabajar en común por el bien de lo que necesita la ciudadanía.
Y qué necesita España. Que la gente tenga un empleo estable que le permita llegar a fin de mes, compromiso consciente y activo en la lucha contra el cambio climático, en la lucha contra la violencia de género,  y eso sólo se podrá conseguir con un frente común de izquierdas.

 No de una izquierda que prometa gobernar en favor de la mayoría social y después gobierne poniéndose de acuerdo con la derecha, favoreciendo a las multinacionales.  Una izquierda, que aunque tenga diferencias en cuanto a planteamientos ideológicos se una para frenar las élites que flagelan y asfixian a los que son mayoría en esta humanidad.